A veces las madres tienen razón, bueno"a veces" por decir algo porque todo el que tenga madre sabe que ese "a veces" es un casi siempre, sobre todo cuando nos empeñamos en llevarles la contraria.
El sábado me fui de compras con mi madre y al llegar a la frutería me empeñe el comprar un aguacate, porque como hace unos días mi madre compró mango y estaba buenísimo pues dije: el aguacate será igual pero en verde ¿no?( he aquí mi maravilloso razonamiento lógico), pues no, no fue así.
Así como el mango es jugoso y dulce el aguacate tiene un color extraño, un tacto grumoso y además sabe raro. Aparte se supone que hay que comérselo en ensalada, apañado con aceite y vinagre, o con queso y he de decir que de cualquiera de las dos maneras sabe asqueroso.
Es entonces cuando descubro que mi capricho ha sido un desastre, y claro mi madre me dijo: si es que te lo tenía advertido pero claro... te empeñas y luego mira lo que pasa... pero ahora que te lo has comprado te lo comes y así para otra vez aprendes, en esos momentos mi cabeza estaba pensando en que podía yo hacer con el maldito aguacate para que no supiera tan repugnante y me puse a buscar rectas de cocina por internet , pero claro resulta que la misma receta que sirve para hacerte una mascarilla natural para pieles sensibles sirve para hacer una salsa de acompañamiento para las carnes y es en esos momentos cuando piensas ¡¿Qué persona en su sano juicio se comería sus cremas para la cara?!
Pero lo que yo no sabía era que a mí tía le encantan los aguacates ( información que a mi madre se le escapó) así que en cuanto me enteré vi mi oportunidad de librarme de él y me decidí a llamar a mí tía (que tiene demasiada paciencia conmigo, pero que bueno ya se sabe a veces la confianza da asco) para endosarle el aguacate, aunque de momento ahí está solito en la nevera esperando a ser rescatado.
No hay comentarios:
Publicar un comentario
Un blog se alimenta de comentarios, ¿Por qué no dejas el tuyo?;)