Seguro
que muchos de vosotros habréis oído alguna vez, que vuestros padres o abuelos
os han dicho:
-Antes los electrodomésticos duraban más o por lo menos no se
estropeaban tanto, que ahora hay que
cambiarlos “cada dos por tres”.
Esta afirmación que en un principio podría
parecernos que carece de valor y que no es más que una tontería sin razón
ninguna, en realidad es una observación muy cierta.
Si el domingo yo no hubiera bajado
a comprar el periódico y no me hubiera detenido a leer “El semanal”, hoy yo no hubiera podido escribir sobre un hecho que a mí parecer es de suma importancia
(Esto demuestra mi teoría de que en la vida con la mayoría de las cosas siempre
hay una relación de causa y efecto).
La obsolescencia programada consiste como
muy bien indica su nombre en fabricar objetos con una fecha de caducidad
predeterminada de fábrica, es decir, que los productos tecnológicos que
compremos día a día queden inservibles o se rompan mucho antes de lo que en
realidad debieran, para que así compremos otro y aumentemos nuestro consumo.
Esta
idea surgió a mediados de los años veinte entre los fabricantes de bombillas
que pronto firmaron un acuerdo para que todas las bombillas que se fabricaran
se fundieran tras determinadas horas de funcionamiento, lo que por aquel
entonces provocó un considerable aumento en las ventas, pronto esta idea se
empezó a aplicar a otros aparatos como lavadoras y frigoríficos, y una vez más
se produjo un incremento en el número de electrodomésticos vendidos. La
obsolescencia programada parecía entonces una buena idea, ya que ayudaba al
crecimiento económico de un mundo que estaba empezando a hacer sus primeros
pinitos en el universo de la industrialización y solo el fabricante sabía que
sus productos morirían prematuramente.
Pero con el paso de los años creo que se
podría afirmar que no ha sido tan buena idea como parecía en un principio, ya
se sabe no siempre es oro todo lo que reluce, porque ahora en la sociedad en la
que vivimos nos hemos dado cuenta de lo que sucede, a pesar de que a
comerciantes y vendedores les hubiera convenido más que no. Hoy por hoy la
obsolescencia programada ha provocado una gran cantidad de basura tecnológica que además de contaminar mucho si no se trata debidamente, su reciclaje es muy difícil y costoso debido a la cantidad de productos químicos que se emplean, otro de los puntos negativos es que nos “ha obligado”
a aumentar nuestra productividad y a sobreexplotar los recursos
naturales como el petróleo, que al no ser renovables terminarán por acabarse,
si no empezamos ya a buscar soluciones.
En
resumidas cuentas, en mi humilde opinión le hemos hecho un flaco favor a
nuestro planeta y al fin y al cabo a nosotros mismos, ya que vivimos en él y
deberíamos tratar de conservarlo lo mejor posible para las generaciones futuras
que vivan en él. La obsolescencia programada es un claro ejemplo de una idea
que no se construyó con vistas al futuro y a mejorar nuestro mundo, lo único
que se buscaba con ella eran beneficios económicos a corto plazo, pero…¿ Ha
valido la pena?
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