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martes, 8 de enero de 2013

Obsolescencia programada


Seguro que muchos de vosotros habréis oído alguna vez, que vuestros padres o abuelos os han dicho:

-Antes los electrodomésticos duraban más o por lo menos no se estropeaban tanto, que ahora hay que cambiarlos “cada dos por tres”.

 Esta afirmación que en un principio podría parecernos que carece de valor y que no es más que una tontería sin razón ninguna, en realidad es una observación muy cierta.
Si el domingo yo no hubiera bajado a comprar el periódico y no me hubiera detenido a leer  “El semanal”, hoy yo no hubiera podido escribir sobre un hecho que a mí parecer es de suma importancia (Esto demuestra mi teoría de que en la vida con la mayoría de las cosas siempre hay una relación de causa y efecto).

La obsolescencia programada consiste como muy bien indica su nombre en fabricar objetos con una fecha de caducidad predeterminada de fábrica, es decir, que los productos tecnológicos que compremos día a día queden inservibles o se rompan mucho antes de lo que en realidad debieran, para que así compremos otro y aumentemos nuestro consumo.
 Esta idea surgió a mediados de los años veinte entre los fabricantes de bombillas que pronto firmaron un acuerdo para que todas las bombillas que se fabricaran se fundieran tras determinadas horas de funcionamiento, lo que por aquel entonces provocó un considerable aumento en las ventas, pronto esta idea se empezó a aplicar a otros aparatos como lavadoras y frigoríficos, y una vez más se produjo un incremento en el número de electrodomésticos vendidos. La obsolescencia programada parecía entonces una buena idea, ya que ayudaba al crecimiento económico de un mundo que estaba empezando a hacer sus primeros pinitos en el universo de la industrialización y solo el fabricante sabía que sus productos morirían prematuramente. 

Pero con el paso de los años creo que se podría afirmar que no ha sido tan buena idea como parecía en un principio, ya se sabe no siempre es oro todo lo que reluce, porque ahora en la sociedad en la que vivimos nos hemos dado cuenta de lo que sucede, a pesar de que a comerciantes y vendedores les hubiera convenido más que no. Hoy por hoy la obsolescencia programada ha provocado una gran cantidad de basura tecnológica que además de contaminar  mucho si no se trata debidamente, su reciclaje es muy difícil y costoso debido a la cantidad de productos químicos que se emplean, otro de los puntos negativos es que nos  “ha obligado”  a aumentar nuestra productividad y a sobreexplotar los recursos naturales como el petróleo, que al no ser renovables terminarán por acabarse, si no empezamos ya a buscar soluciones.

En resumidas cuentas, en mi humilde opinión le hemos hecho un flaco favor a nuestro planeta y al fin y al cabo a nosotros mismos, ya que vivimos en él y deberíamos tratar de conservarlo lo mejor posible para las generaciones futuras que vivan en él. La obsolescencia programada es un claro ejemplo de una idea que no se construyó con vistas al futuro y a mejorar nuestro mundo, lo único que se buscaba con ella eran beneficios económicos a corto plazo, pero…¿ Ha valido la pena?

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